Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Juan 5:39)
Por Víctor Cruz
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Algunos leen la Biblia saltando como la mariposa, de un pasaje favorito a otro, sacando un limitado provecho de lo que leen. Otros a semejanza del científico, la estudian con espíritu crítico; hacen sus anotaciones, pero no alimentan al espíritu. Y hay otros que, como la abeja, toman tiempo para extraer del sagrado Libro el néctar inspirado.
Jesús dio gran valor al esfuerzo por extraer de la Palabra el alimento para el espíritu. “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Fuera de toda duda, Jesús se refería al Antiguo Testamento, y sus palabras tiene que ver con una verdad que a veces tratamos de ignorar, a veces tratamos de ignorar, a saber: todas y cada una de las diferentes partes de la Biblia contienen algo relacionado con Jesús. No sólo los Evangelios y las epístolas, sino también la Ley, los Salmos y los Profetas nos hablan directa o indirectamente de Cristo. Porque no examinamos debidamente sus enseñanzas, porque no exploramos exhaustivamente sus tesoros, no percibimos en sus símbolos, en sus leyes y en las exhortaciones de sus profetas las sublimes referencias a Jesús el Mesías.
“¡Oh, escudriñen la Biblia con un corazón hambriento de alimento espiritual!”
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