Lleva este niño y críamelo… y la mujer tomó al niño y lo crió
(Éxodo 2:9)
Por Víctor Cruz
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Sin embargo, en nuestro organismo social hay otra especie, mucho más importante que los animales y las plantas, que también se va extinguiendo gradualmente, trayendo problemas perturbadores a la familia, a la iglesia, a la sociedad. Son las madres, antes identificadas como las reinas del hogar.
La revolución social, la sociedad de consumo y los movimientos feministas de liberación, están unidos en una extraña conspiración contra el ejercicio de la maternidad responsable.
Arrastrada por la filosofía materialista del dinero, la mujer moderna tiene poco tiempo para el hogar. Y los hijos crecen sin atención y cariño. Cuando son adolecentes, se conducen con apatía, rebelión y espíritu independiente. Entonces las madres, angustiadas, buscan una explicación para los desvíos y extravíos de sus hijos. Sin embargo, casi siempre esos desvíos, son el resultado inevitable de su propia negligencia y omisión.
Las palabras de la hija del Faraón dirigidas a la madre de Moisés han sido mencionadas con frecuencia como la obra que Dios espera de cada madre: “Lleva a éste niño y críamelo”. Esta es la responsabilidad que el Señor le confiere a cada madre, en cuyos brazos confía a una criatura recién nacida”.
“El primer maestro del niño es la madre… Debería apreciar el valor de esa oportunidad y mas, que cualquier otro maestro, debería estar preparada para usarla del mejor modo posible”.
En las páginas de los diarios encontramos toda suerte de anuncios y pedidos. El más común y dramático de todos nunca aparece en la prensa. Es el clamor de miles de niños que reciben un amor alquilado y destituidos del afecto, y la dedicación maternos, claman: “Quiero una mamá”.
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