lunes, 11 de mayo de 2009

LA GRAN CAIDA

¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo (Apocalipsis 12:12)

Por Víctor Cruz

Desde 1957, más de cinco mil satélites espaciales hicieron su reingreso en la atmosfera terrestre y se incendiaron, esparciendo fragmentos por todas partes y constituyéndose en una inquietante amenaza a la seguridad de los que vivimos en esta era espacial.

Varios milenios antes de nuestra era ocurrió otra caída estrepitosa que comprometió la seguridad del mundo y significó para sus habitantes una tragedia inmensurable. Refiriéndose a ese acontecimiento, Jesús dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18).

Satanás descendió hasta nosotros con gran ira, y la obra que ha realizado y realiza entre los hombres es devastadora. La simiente del pecado que plantó en el corazón de nuestros primeros padres produjo frutos amargos. Caín levantó el brazo homicida contra su hermano Abel. Fue el comienzo de una guerra cruel que lanzó a los hombres unos contra otros; primero a golpes de espada, después con el tronar de los cánones, y más tarde con el empleo de los ingenios bélicos de destrucción colectiva.

Peor, sin embargo, que la guerra entre las naciones es el conflicto espiritual trabado en el interior del corazón. El hombre desea amar, pero se siente afligido por los impulsos del odio; quiere obedecer, pero la fascinación del pecado lo domina; desea cantar, pero ve que la armonía de su canto se transforma en llanto, anhela vivir, pero se aterroriza por los avances de la muerte. “¡Miserable de mí!”, exclamo atribulado el apóstol Pablo, significando con su lamento la angustia de todos los hombres. “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien, porque que el querer el bien está en mí pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Rom. 7:18, 19, 24).

¡Qué desesperada es la condición del hombre! Pero gracias a Dios no estamos desamparados en este mundo. “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

Vivamos este día con la tranquila seguridad de que está a nuestro lado un poder superior. Mejor todavía, “el reino de Dios está entre vosotros” (Luc. 17:21), y la clave de la vida victoriosa es la entrega completa a la voluntad de Dios.

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