martes, 10 de noviembre de 2009

EL TRIPLE MENSAJE

Temed a Dios, y dadle gloria porque la hora de su juicio ha llegado
(Apocalipsis 14:7)

Por Víctor Cruz

Durante el período formativo del canon del Nuevo Testamento, hubo una gran controversia entre los líderes de la iglesia, sobre la autoridad del Apocalipsis. Su lenguaje metafórico, la constante repetición del número siete y el fracaso de muchos en entender el significado de sus mensajes, los llevaron a la conclusión de que el Apocalipsis era un libro apócrifo y por ésta razón no debía ser incluido en el canon de la Biblia.

Sin embargo, guiados por el Espíritu Santo, después de un siglo de disputas y enfrentamientos, el libro del Apocalipsis fue, finalmente, incluido con el último libro de la Biblia.

Tenemos razones abundantes para alabar al Señor, por haber perseverado este libro, incluyéndolo como parte de su Palabra escrita. ¡Qué diferente seria nuestra vida, si no tuviéramos éste libro! Viviríamos a la deriva, sin fe y sin esperanza. El Apocalipsis dio una nueva dimensión a nuestra existencia. Por tanto, ¡gracias sean dadas a Dios por ésta preciosa porción de las Escrituras!

En el capítulo 14, el vidente presenta el magnífico cuadro de los mensajes angélicos, y el fundamento sobre el cual está establecida a la Iglesia Remanente. En estos mensajes, que son el núcleo del Apocalipsis, encontramos nuestro lugar en la historia, nuestra identidad y misión. Los pioneros del cristianismo, aplicaron el primer menaje angélico al vibrante movimiento milerita, y a su proclamación: “¡La hora de su juicio ha llegado! ¡Cristo en breve intervendrá en la historia!”, anunciaron con fervor.

Creyeron también, que el mensaje del segundo ángel tuvo su cumplimiento cuando las iglesias populares rechazaron su proclamación, excluyéndolos de los registros eclesiásticos: “¡Cayó Babilonia!”, proclamaron ellos con convicción y vigor.

Hoy creemos que el Señor nos llamó para la proclamación simultánea de esos tres mensajes, la última exhortación del cielo al planeta moribundo. Esos mensajes nos distinguen como un pueblo peculiar y ésta singularidad debe ser revelada al mundo con claridad inconfundible.

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